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El simbolismo
de la "piedra angular", en la tradición cristiana, se
basa en este texto: "Piedra que rechazaron los constructores se ha
convertido en piedra de ángulo", o, más exactamente,
"en cabeza de ángulo" (caput anguli)(2). Lo extraño
es que este simbolismo casi siempre se compendre mal, a consecuencia de
una confusión que se hace comúnmente entre esa "piedra
angular" y la "piedra fundamental", a la cual se refiere
este otro texto, más conocido aún: "Tú eres
Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas
del infierno no prevalecerán contra ella"(3). Tal confusión
es extraña, decimos, pues desde el punto de vista específicamente
cristiano equivale de hecho a confundir a San Pedro con Cristo mismo,
ya que éste es el expresamente designado como la "piedra angular",
según lo muestra este pasaje de San Pablo, el cual, además,
la distingue netamente de los "fundamentos" del edificio:"(sois)
edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo
la principal piedra angular (summo angulare lapide) el mismo Cristo Jesús,
en la cual todo el edificio, armónicamente trabado, se alza hasta
ser templo santo en el Señor, en el cual también vosotros
sois juntamente edificados (coaedificamini) para ser morada de Dios en
el Espíritu (4). Si la confusión a que nos referimos
fuese específicamente moderna no cabría sin duda extrañarse
en demasía, pero parece encontrársela ya en tiempos en que
no es posible atribuirla pura y simplemente a ignorancia del simbolismo;
nos vemos, pues, llevados a preguntarnos si en realidad no se trataría
más bien, en el origen, de una "sustitución" intencional,
explicable por el papel de San Pedro como "sustituto" o "vicario"
de Cristo (vicarius, correspondiente en este sentido al árabe jalîfah);
de ser así, esa manera de "velar" el simbolismo de la
"piedra angular" parecería indicar que se lo consideraba
contener algo de particularmente misterioso, y se verá en seguida
que tal suposición está lejos de ser injustificada (5).
Como quiera que fuere, hay en esa identificación de las dos piedras,
inclusive desde el punto de vista de la simple lógica, una imposibilidad
que aparece claramente desde que se examinan con poco de atención
los textos que hemos citado: la "piedra fundamental" es aquella
que se pone primero, al comienzo mismo de la construcción de un
edificio (y por eso se llama también "primera piedra")(6);
¿cómo, pues, podría ser rechazada durante la misma
construcción? Para que sea así, es preciso, al contrario,
que la "piedra angular" sea tal que no pueda encontrar aún
su ubicación; en efecto, según veremos, no puede encontrarla
sino en el momento de acabarse el edificio íntegro, y así
se convierte realmente en "cabeza de ángulo".
En un artículo
que ya hemos señalado (7), Ananda Coomaraswamy destaca que
la intención del texto de San Pablo es evidente representar a Cristo
como el único principio del cual depende todo el edificio de la
Iglesia, y agrega que "el principio de una cosa no es ni una de sus
partes entre las otras ni la totalidad de sus partes, sino aquello en
que todas las partes se reducen a una unidad sin composición".
La "piedra fundamentel" (foundation-stone) puede ser llamada
adecuadamente, en cierto sentido, una "piedra de ángulo"
(corner-stone), según se lo hace habitualmente, puesto que está
situada en un ángulo o en una esquina (corner) del edificio
(8); pero no es única como tal, pues el edificio tiene necesariamente
cuatro ángulos; y aún si se quiere hablar más particularmente
de la "primera piedra", ésta no difiere en nada de las
piedras de base de los demás ángulos, salvo por su situación
(9), y no se distingue ni por su función ni por su forma, puesto
que no es, en suma, sino uno de cuatro soportes iguales entre sí;
podría decirse que una cualquiera de las cuatro corner-stones "refleja"
en cierto modo el principio dominante del edificio, pero no podría
de ninguna manera ser considerada este principio mismo (10). Por
otra parte, si realmente de esto se tratara, ni siquiera podría
hablarse lógicamente de "la piedra angular", pues, de
hecho, habría cuatro; aquélla, pues debe ser algo esencialmente
diferente de la corner-stone entendida en el sentido corriente de "piedra
fundamental" , y ambas tienen en común solamente el carácter
de pertenecer al mismo simbolismo "constructivo".
Acabomos
de aludir a la forma de la "piedra angular", y es éste,
en efecto, un punto particularmente importante: precisamente porque esta
piedra tiene una forma especial y única, que la diferencia de todas
las demás, no solo no puede encontrar su lugar en el curso de la
construcción, sino que inclusive los constructores no pueden comprender
cuál es su destino; si lo compredieran, es evidente que no la rechazarian
y se contentarían con reservarla hasta el final; pero se preguntan
"lo que harán con la piedra ", y, al no dar con respuesta
satisfactoria, deciden, creyéndola inutilizable, "arrojarla
entre los escombros" (to heaven it over among the rubbish)(11).
El destino de esa piedra no puede ser comprendido sino por otra categoría
de constructores, que en ese estadio no intervienen aún: son los
que han pasado "de la escuadra al compás" y, por esta
distinción, ha de entenderse, naturalmente, la de las formas geométricas
que esos instrumentos sirven respectivamente para trazar, es decir, la
forma cuadrada y la circular, que de manera general simbolizan, como es
sabido, la tierra y el cielo; aquí, la forma cuadrada corresponde
a la parte inferior del edificio, y la forma circular a su parte superior,
la cual, en este caso, debe estar constituida, pues, por un domo o una
bóveda (12). En efecto, la "piedra angular" es
real y verdaderamente una "clave de bóveda" (keystone);
A. Coomaraswamy dice que, para dar la verdadera significación de
la expresión "se ha convertido en la cabeza del ángulo"
(is become the keystone of the corner), podría traducírsela
por is become the keystone of the arch, lo cual es perfectamente exacto;
y así esa piedra, por su forma tanto como por su posición,
es en efecto única en todo el edificio, como debe serlo para poder
simbolizar el principio del que depende todo. Quizá cause asombro
que esta representación del principio no se sitúe en la
construcción sino en último lugar; pero puede decirse que
la construcción en conjunto está ordenada con relación
a ella (lo que San Pablo expresa diciendo que "en ella todo el edificio
se alza hasta ser templo santo en el Señor"), y en ella encuentra
finalmente su unidad; hay aquí también una aplicación
de la analogía, ya explicada por nosotros en otras oportunidades,
entre el "primero" y el "último" o el "principio"
y el "fin": la construcción representa la manifestación,
en la cual el Principio no aparece sino como cumplimiento último;
y precisamente en virtud de la misma analogía la "primera
piedra" o "piedra fundamental" puede considerarse como
un "reflejo" de la "última piedra", que es
la verdadera "piedra angular".
El equívoco
implicado en una expresión tal como corner-stone reposa en definitiva
en los diferentes sentidos posibles del término "ángulo";
Coomaraswamy señala que en diversas lenguas, las palabras que significan
'ángulo' están a menudo en relación con otras que
significan 'cabeza' y 'extremidad': en griego. kephalè, 'cabeza'
o, en arquitectura, 'capitel' (capitulum, diminutivo de caput), no puede
aplicarse sino a una sumidad; pero ákros (sánscrito agra)
puede indicar una extremidad en cualquier dimensión, es decir,
en el caso de un edificio, tanto la sumidad, a la cual designa, es verdad,
más habitualmente, como cualquiera de los cuatro ángulos
o esquinas (la palabra correspondiente en francés, coin, está
etimológicamente emparentada con el griego gônía,
'ángilo' [mientras que "esquina" procede del árabe
rukn, 'ángulo']. Pero todavía más importante, desde
el punto de vista de los textos concernientes a la "piedra angular"
en la tradición judeocristiana, es la consideración de la
palabra hebrea que significa 'ángulo': esa palabra es pinnáh,
y se la encuentra en las expresiones eben pinnáh, 'piedra angular',
y ro'sh pinnah, 'cabeza de ángulo'; y resulta particularmente notable
que, en sentido figurado, la misma palabra se emplea para significar 'jefe':
una expresión que designa a los 'jefes del pueblo' (pinnôt
ha-'am) está literalmente traducida en la Vulgata por anguli populorum
(13). Un 'jefe' o 'caudillo' es etimológicamente el 'cabeza'
(caput), y pinnáh se relaciona, por su raíz, con penè,
que significa 'faz'; la relación estrecha entre las ideas de "cabeza"
y de "faz" es evidente, y, además, el término
"faz" pertenece a un simbolismo de muy general difusión,
que merecería examinarse aparte (14). Otra idea conexa es
también la de "punta" (que se encuentra en el sánscrito
agra, el griego ákros, el latín acer y acies); ya hemos
hablado del simbolismo de las puntas con motivo del de las armas y los
cuernos (15), y hemos visto que se refiere a la idea de extremidad,
pero más en particular en lo que concierne a la extremidad superior,
es decir, al punto más elevado o sumidad del edificio: aun si hay
otras "piedras angulares" en el sentido más general de
esta expresión (16), solo aquélla es en realidad
"la piedra angular" por excelencia.
Encontramos
otras indicaciones interesantes en las significaciones de la palabra árabe
rukn, 'ángulo', 'esquina'; esa palabra, como designa las extremidades
de una cosa, es decir, sus partes más retiradas y, por consiguiente,
más escondidas (recondita et abscondita, podría decirse
en latín), toma a veces un sentido de 'secreto' o 'misterio'; y,
a este respecto, su plural arkàn es de vincular con el latín
arcanum, que tiene igualmente el mismo sentido, y con el cual presenta
una similitud notable; por lo demás, en el lenguaje de los hermetistas
por lo menos, el empleo del término "arcano" ha sido
influido ciertamente de modo directo por esa palabra árabe (17).
Además, rukn significa también 'base' o 'fundamento', lo
que reconduce a la corner-stone entendida como la "piedra fundamental";
en la terminología alquímica, el-arkàn, cuando esta
designación se emplea sin precisar más, son los cuatro elementos,
es decir, las "bases" sustanciales de nuestro mundo, asimilados
así a las piedras de base de los cuatro ángulos de un edificio,
pues sobre ellos se construye en cierto modo todo el mundo corpóreo
(representado también por la forma cuadrada)(18); y por
aquí llegamos también directamente al simbolismo que ahora
nos preocupa. En efecto, no hay solamente esos cuatro arkàn o elementos
"básicos", sino además un quinto rukn, el quinto
elemento o "quintaesencia" (es decir el éter, el-athir);
éste no está en el mismo "plano" que los otros,
pues no es simplemente una base, como ellos, sino el principio mismo de
este mundo (19); será representado, pues, por el quinto
"ángulo" del edificio, que es su sumidad; y a este "quinto",
que es en realidad el "primero", conviene propiamente la designación
de ángulo supremo, de ángulo por excelencia o "ángulo
de los ángulos" (rukn el-arkàn), puesto que en él
la multiplicidad de los demás ángulos se reduce a la unidad (20). Puede observarse aún que la figura geométrica
obtenida reuniendo esos cinco ángulos es la de una pirámide
de base cuadrangular: las aristas laterales de la pirámide emanan
de su vértice como otros tantos rayos, así como los cuatro
elementos ordinarios, que están representados por los extremos
inferiores de esas aristas, proceden del quinto y son producidos por él;
y también en el sentido de las aristas, que intencionalmente hemos
asimilado a rayos por esta razón (y también en virtud del
carácter "solar" del punto de que parten, según
lo que hemos dicho respecto del "ojo" del domo), la "piedra
angular" de la sumidad se "refleja" en cada una de las
"piedras fundamentales" de los cuatro ángulos de la base.
Por último, en lo que acabamos de decir está la indicación
bien neta de una correlación entre el simbolismo alquímico
y el simbolismo arquitectónico, lo que se explica por su común
carácter "cosmológico"; es también éste
un punto importante, sobre el cual hemos de volver con motivo de otras
relaciones del mismo orden.
La "piedra
angular", tomada en su verdadero sentido de piedra "cimera",
se designa en inglés a la vez como keystone, como capstone (que
a veces se encuentra escrito también capestone), y como copestone
(o copingstone); el primero de estos términos es fácilmente
comprensible, pues constituye el exacto equivalente de nuestra "clave
de bóveda" (o "de arco", pues la palabra puede aplicarse
en realidad a la piedra que forma la sumidad de una arcada tanto como
la de una bóveda); pero los otros dos exigen algo más de
explicación. En capstone, la palabra cap es evidentemente el latín
caput, 'cabeza'. lo que nos reconduce a la designación de esa piedra
como la "cabeza del ángulo"; es, propiamente, la piedra
que "acaba" o "corona" un edificio; y es también
un capitel, el cual es, igualmente, el "coronamiento" de una
columna (21). Acabamos de hablar de "acabamiento", y,
emparentadas con ésta, las palabras "cap" y "cabeza"
o "cabecera" son, en efecto, etimológicamente idénticas (22); la capstone es, pues, la "cabeza" o "cabecera"
de la "obra", y, en razón de su forma especial, que requiere,
para tallarla, conocimientos o capacidades particulares, es también
a la vez una "obra capital" u "obra maestra" (chef-d'oeuvre),
en el sentido que tiene esta expresión en el Compagnonnage (23); por ella el edificio queda completamente terminado, o, en otros términos,
es finalmente llevado a su "perfección"(24).
En cuanto
al término copestone, la palabra cope expresa la idea de 'cubrir';
esto se explica, no solo porque la parte superior del edificio es propiamente
su "cobertura", sino también, y diríamos sobre
todo, poque esa piedra se coloca de modo de cubrir la abertura de la sumidad,
es decir, el "ojo" del domo o de la bóveda, del cual
hemos hablado anteriormente (25). Es, pues, en suma, a este respecto,
el equivalente de un roof plate, según lo señala Coomaraswamy,
quien agrega que esa piedra puede considerarse como la terminación
superior o el capitel del "pilar axial" (en sánscrito
skambha, en griego staurós)(26); ese pilar, como lo hemos
ya explicado, puede no estar representado materialmente en la estructura
del edificio, pero no por eso deja de ser su parte esencial, en torno
de la cual se ordena todo el conjunto. El carácter cimero del "pilar
axial", presente de modo solamente "ideal", está
indicado de modo particularmente notable en los casos en que la "clave
de bóveda" desciende en forma de "pechina" hacia
el interior del edificio, sin estar visiblemente sostenida por nada en
su parte inferior (27); toda la construcción tiene su principio
en este pilar, y todas sus diversas partes vienen finalmente a unificarse
en su "cima", que es la sumidad de este mismo pilar y la "clave
de bóveda" o la "cabeza del ángulo"(28).
La interpretación
real de la "piedra angular" como "piedra cimera" parece
haber sido de conocimiento bastante general en el Medioevo, según
lo muestra notablemente una ilustración del Speculm Humanae Salvationis
que reproducimos aquí (fig. 14)(29); este libro estaba muy
difundido, pues existen aún varios centenares de manuscritos; se
ve en la ilustración a dos albañiles que tienen en una mano
una espátula y sostienen con la otra la piedra que se disponen
a colocar en cima de un edificio (al parecer, la torre de una iglesia,
cuya sumidad debe ser completada por esa piedra), lo que no deja duda
alguna en cuanto a su significación. Cabe señalar, con respecto
a esta figura, que la piedra de que se trata, en cuanto "clave de
bóveda" o en cualquier otra función semejante, según
la estructura del edificio al cual está destinada a "coronar",
no puede por su forma misma colocarse sino por encima (sin lo cual, por
lo demás, es evidente que podría caer en el interior del
edificio); así, representa en cierto modo la "piedra descendida
del cielo", expresión perfectamente aplicable a Cristo (30),
que recuerda también la piedra del Graal (el lapsit exilis de Wolfram
von Eschenbach, que puede interpretarse como lapis ex caelis)(31).
Además, hay aún otro punto importante que señalar:
Erwin Panofski ha destacado que esa misma ilustración muestra la
piedra con el aspecto de un objeto en forma de diamante (lo que la vincula
también con la piedra del Graal, ya que ésta se describe
igualmente como facetada); esta cuestión merece más minucioso
examen, pues, aunque tal representación esté lejos de construir
el caso más general, se vincula con aspectos del complejo simbolismo
de la "piedra angular" distintos de los que hasta ahora hemos
estudiado, y no menos interesantes para destacar sus vínculos con
el conjunto del simboismo tradicional.

Fig. 14
Empero, antes de llegar a ello, nos falta elucidar una cuestión
accesoria: acabamos de decir que la "piedra cimera" puede no
ser una "clave de bóveda" en todos los casos, y, en efecto,
no lo es sino en una construcción cuya parte superior es en forma
de cúpula; en cualquier otro caso, por ejemplo el de un edificio
coronado por un techo en punta o en forma de tienda, no deja de haber
una "última piedra" que, colocada en la sumidad, desempeña
a este respecto el mismo papel que la "clave de bóveda"
y, por consiguiente, corresponde también a ésta desde el
punto de vista simbólico, sin que empero sea posible designarla
con ese nombre; lo mismo ha de decirse del caso especial del pyramídion,
al cual hemos aludido ya en otra ocasión. Debe quedar bien claro
que, en el simbolismo de los constructores medievales, que se apoya en
la tradición judeocristiana y se vincula con la construcción
del Templo de Salomón como su prototipo (32), consta, en
lo que concierne a la "piedra angular", que es una "clave
de bóveda"; y, si la forma exacta del Templo de Salomón
ha podido dar lugar a discusiones desde el punto de vista histórico,
es seguro, en todo caso, que esa forma no era la de una pirámide;
son éstos hechos que hay que tener necesariamente en cuenta en
la interpretación de los textos bíblicos referentes a la
"piedra angular"(33). El pyramídion, es decir,
la piedra que forma la punta superior de la pirámide, no es en
modo alguno una "clave de bóveda"; no por eso deja de
ser el "coronamiento" del edificio, y cabe señalar que
reproduce su forma íntegra en modo reducido, como si todo el conjunto
de la estructura estuviera así sintetizado en esa piedra única;
la expresión "cabeza de ángulo", en sentido literal,
le conviene perfectamente, así como el sentido figurado del nombre
hebreo del "ángulo" para designar el "jefe"
o "cabeza", tanto más cuanto que la pirámide,
partiendo de la multiplicidad de la base para culminar gradualmente en
la unidad de la cúspide, se toma a menudo como el símbolo
de una jerarquía. Por otra parte, según lo que hemos explicado
anteriormente acerca de vértice y los cuatro ángulos de
la base en conexión con el significado de la palabra árabe
rukn, podría decirse que la forma de la pirámide está
contenida implícitamente en toda estructura arquitectónica;
el simbolismo "solar" de esta forma, que hemos indicado en esa
oportunidad, se encuentra aún más particularmente expresado
en el pyramídion, como lo muestran diversas descripciones arqueológicas
citadas por Coomaraswamy: el punto central o el vértice corresponde
al sol mismo, y las cuatro caras (cada una comprendida entre dos "rayos"
extremos que delimitan el dominio representado por ella) corresponden
a otros tantos aspectos secundarios del mismo sol, en relación
con los cuatro puntos cardinales, hacia los cuales las cuatro caras se
orientan respectivamente. Pese a todo ello, no es menos verdad que el
pyramídion constituye solamente un caso particular de "piedra
angular" y no la representa sino en una forma tradicional especial,
la de los antiguos egipcios; para responder al simbolismo judeocristiano
de dicha piedra, que pertenece a otra forma tradicional sin duda alguna
muy distinta de aquélla, le falta un carácter esencial,
que es el de ser una "clave de bóveda".
Dicho esto,
podemos volver a la figuración de la "piedra angular"
en forma de diamante: A. Coomaraswamy, en el artículo a que nos
hemos referido, parte de una observación que se ha hecho con resecto
al término alemán Eckstein, el cual, precisamente, significa
a la vez 'piedra angular' y 'diamante'(34); y recuerda a este respecto
las significaciones simbólicas del vajra, que hemos considerado
ya en diversas oportunidades: de modo general, la piedra o metal considerado
más duro y brillante ha sido tomado, en diferentes tradiciones,
como "símbolo de indestructibilidad, invulnerabilidad, estabilidad,
luz e immortalidad"; y, en particular, estas cualidades se atribuyen
muy a menudo al diamante. La idea de "indestructivilidad" o
de "indivisibilidad" (una y otra estrechamente vinculadas, y
expresadas en sánscrito por la misma palabra, ákshra) convienen
evidentemente a la piedra que representa el principio único del
edificio (pues la unidad verdadera es esencialmente indivisibe); la de
"estabilidad", que, en el orden arquitectónico, se aplica
propiamente a un pilar, conviene por igual a esa misma piedra considerada
como el capitel del "pilar axial", que a su vez simboliza el
"Eje del Mundo"; y éste, al cual Platón, particularmente,
describe como un "eje del diamante", es también por otra
parte, un "pilar de luz" (como símbolo de Agni y como
"rayo solar"); con mayor razón, esta última cualidad
se aplica ("eminentemente", podría decirse) a su "coronamiento",
que representa la fuente misma de la cual emana en cuanto rayo luminoso (35). En el simbolismo hindú, todo cuanto tiene una significación
"central" o "axial" está generalmente asimilado
al diamante (por ejemplo, en expresiones como vajràsana, 'trono
de diamante'); y es fácil advertir que todas esas asociaciones
forman parte de una tradición que puede llamarse verdaderamente
universal.
Hay más
aún: el diamante se considera como la "piedra preciosa"
por excelencia; y esta "piedra preciosa" es también,
como tal, símbolo de Cristo, que se encuentra aquí identificado
a su otro símbolo, la "piedra angular"; o, si se prefiere,
ambos símbolos están así reunidos en uno. Podría
decirse entonces que esa piedra, en cuanto representa un "acabamiento"
o un "cumplimiento"(36), es, en el lenguaje de la tradición
hindú, un chintàmani, lo que equivale a la expresión
alquímica de Occidente "piedra filosofal"(37);
y es muy significativo a este respecto que los hermetistas cristianos
hablen a menudo de Cristo como la verdadera "piedra filosofal",
no menos que como la "piedra angular"(38). Nos vemos
reconducidos así a lo que decíamos anteriormente, con motivo
de los dos sentidos en que puede entenderse la expresión árabe
rukn el-arkàn, sobre la correspondencia existente entre el simbolismo
arquitectónico y el alquímico; y, para terminar con una
observación de alcance muy general este estudio ya largo, pero
sin duda aún incompleto, pues el tema es de aquellos que son casi
inagotables, podemos agregar que dicha correspondencia no es, en el fondo,
sino un caso particular de la que existe análogamente, aunque de
un modo quizá no siempre tan manifiesto, entre todas las ciencias
y todas las artes tradicionales, pues en realidad todas ellas son otras
tantas expresiones y aplicaciones diversas de las mismas verdades de orden
principal y universal.
NOTAS
(*)
René Guénon, Símbolos fundamentales de la ciencia
sagrada, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1988. Capítulo
XLIII.
(1)
[Publicado en É. T., abril-mayo de 1940..]
(2)
Salmo CVIII, 22; San Mateo, XXI, 42; San Marcos, XII, 10; San Lucas, XX,
17.
(3)
San Mateo, XVI, 18.
(4)
Efesios, II, 20-22.
(5)
La "sustitución" pudo haber sido favorecida también,
por la similitud fónica existente entre el nombre el nombre hebreo
[arameo] Kêfáh, 'piedra', y la palbra griega kephalê,
'cabeza'; pero no hay entre ambos vocablos otra relación, y el
fundamento de un edificio no puede identificarse, evidentemente, con su
"cabeza", es decir, con su sumidad, lo que equivaldría
a invertir el edificio íntegro; por otra parte, cabría preguntarse
también si esa "inversión" no tiene alguna correspondencia
simbólica con la crucificción de San Pedro, cabeza abajo.
(6)
Esta piedra debe situarse en el ángulo nordeste del edificio; notaremos
a este propósito que cabe distinguir, en el simbolismo de San Pedro,
varios aspectos o funciones a las cuales corresponden "situaciones"
diferentes, pues, por otra parte, en cuanto ianitor ['portero'], su lugar
está en occidente, donde se encuentra la entrada de toda iglesia
normalmente orientada; además, San Pedro y San Pablo están
también representados como las dos "columnas" de la Iglesia,
y entonces se los figura habitualmente al uno con las llaves y al otro
con la espada, en la actitud de dos dvârapâla [vaksha o 'genios'
que guardan el umbral de ciertas puertas sagradas, en el hinduismo].
(7)
"Eckstein", en la revista Speculum, número de enero de
1939 [reseña de R. Guénon en É.T., mayo de 1939].
(8)
En este estudio nos veremos obligados a referirnos a menudo a los términos
"técnicos" ingleses, porque, pertenecientes primitivamente
al lenguaje de la antigua masonería operativa, han sido conservados
en su mayoría en los rituales de la Royal Arch Masonry y de los
grados accesorios vinculados con ella, rituales de los que no existe equivalente
en nuestra lengua; y se verá que algunos de esos términos
son de traducción muy difícil.
(9)
Según el ritual operativo, esta "primera piedra" es,
según lo hemos dicho, la del ángulo nordeste; las piedras
de los demás ángulos se colocan posterior y sucesivamente
según el sentido del curso aparente del sol, es decir, en el sudeste,
sudoeste, noroeste.
(10)
Esta "reflexión" está evidentemente relacionada
de modo directo con la situación mencionada antes.
(11)
La expresión "to heave over" es bastante singular, y
al parecer inusitada en ese sentido en inglés moderno; parecería
poder significar 'levantar' o 'elevar', pero, según el resto de
la frase citada, es claro que en realidad se aplica aquí al acto
de "arrojar" la piedra rechazada.
(12)
Esta distinción es, en otros términos, la de la Square Masonry
y la Arch Masonry, que, por sus respectivas relaciones con la "tierra"
y el "cielo", o con las partes del edificio que las representan,
están aquí en correspondencia con los "pequeños
misterios" y los "grandes misterios" respectivamente. [Véase
cap. XXXIX, notas 4 y 5 (N. del T.)]
(13)
I Samuel, XIV, 38; la versión griega de los Setenta emplea igualmente
aquí la palabra gônía.
(14)
Cf. A. M. Hocart, Les Castes, pp. 151-54, acerca de la expresión
"faces de la tierra" empleada en las islas Fiji para designar
a los jefes. La palabra griega Kárai servía, en los primeros
siglos del cristianismo, para designar las cinco "faces" o "caras"
o "cabezas" de la Iglesia, es decir, los cinco patriarcados
principales, cuyas iniciales reunidas formaban precisamente esa palabra:
Costantinopla, Alejandría, Roma, Antioquía, Jerusalén
[=Ierousalêm].
(15)
Cabe advertir que la palabra inglesa corner es evidentemente un derivado
de cone [francés, 'cuerno'].
(16)
En este sentido, las cuatro piedras angulares no existen solamente en
la base, sino también en un nivel cualquiera de la construcción;
y esas piedras son todas de la misma forma común, rectilínea
y rectangular (es decir, talladas on the square, pues la palabra square
tiene la doble significación de 'escuadra' y 'cuadrado'), contrariamente
a lo que ocurre en el caso único de la keystone.
(17)
Podría resultar de interés investigar si puede existir un
parentesco etimológico real entre la palabra árabe y la
latina, incluso en el uso antiguo de esta última (por ejemplo,
en la disciplina arcani de los cristianos de los primeros tiempos ), o
si se trata solo de una "convergencia" producida solo ulteriormente,
entre los hermetistas medievales.
(18)
Esta asimilación de los elementos a los cuatro ángulos de
un cuadrado está también en relación, naturalmente,
con la correspondencia que existe entre esos elementos y los puntos cardinales.
(19)
Estaría en el mismo plano (en su punto central) si este plano se
tomara como representación de un estado de existencia íntegro;
pero no siempre es el caso aquí, pues el edificio total es una
imagen del mundo. Observemos, a este respecto, que la proyección
horizontal de la pirámide a que nos referíamos más
arriba está constituida por el cuadrado de la base con sus diagonales,
y las aristas laterales se proyectan según las diagonales y el
vértice en el punto de encuentro de estos elementos, o sea en el
centro mismo del cuarado.
(20)
En el sentido de "misterio", que hemos indicado, rukn el-arkàn
equivale a sirr el-asrâr ['misterio de los misterios', 'misterio
supremo'], representado, según lo hemos explicado en otra oportunidad,
por el extremo superior de la letra álif; como el álif mismo
figura el "Eje del Mundo", esto, según se verá
en seguida, corresponde con toda exactitud a la posición de la
keystone.
(21)
El término de "coronamiento" ha de relacionarse aquí
con la designación de la "coronilla" craneana, en razón
de la asimilación simbólica, que hemos señalado anteriormente,
entre el "ojo" de la cúpula y el Brahmarandhra [séptimo
y último chakra, o sea "órgano o centro sutil",
cuyo "despertar" corresponde a la culminación del Kundalinî-Yogal];
sabido es, por lo demás, que la corona, como ls cuernos, expresa
esencialmente la idea de elevación. Cabe notar también a
este respecto que el juramento del grado de Royal Arch contiene una alusión
a la "coronilla" (the crown of the skull), la cual sugiere una
relación entre la apertura de ésta (como en los ritos de
trepanación póstuma) y el acto de quitar (removing) la keystone;
por lo demás, de modo general, las llamadas "penalidades"
formuladas en los juramentos de los diferentes grados masónicos,
así como los signos que a ellas corresponden, se refieren en realidad
a los diversos centros sutiles del ser humano.
(22)
En la significación de la palabra "acabar", o en la expresión
equivalente 'llevar a cabo', la idea de "cabeza" [caput] está
asociada a la de "fin", lo que responde perfectamente a la situación
de la "piedra angular", conocida a la vez como "piedra
cimera" y como "última piedra" del edificio. Mencionaros
aún otro término derivado de caput: en francés se
llama chevet ('cabecera')- y en español "cabecera" o
"testero"- de una iglesia a la extremidad oriental donde se
encuentra el ábside, cuya forma semicircular corresponde, en el
plano horizontal, a la cúpula en elevación vertical, según
lo hemos explicdo en otra ocasión.
(23)
La palabra "obra" se emplea a la vez en arquitectura y en alquimia,
y se verá que no sin razón relacionamos ambas cosas: en
arquitectura, la conclusión de la obra es la "piedra angular",
y en alquina, la "piedra filosofal".
(24)
Es de notar que, en ciertos ritos masónicos, los grados que corresponden
más o menos exactamente a la parte superior de la construcción
de que aquí se trata (decimos más o menos exactamente, pues
a veces hay en todo ello cierta confusión) se designan precisamente
con el nombre de "grados de perfección". Por otra parte,
el vocablo "exaltación, que designa el acceso al grado de
Royal Arch, puede entenderse como una alusión a la posición
elevada de la keystone.
(25)
Para la colocación de esta piedra, se encuentra la expresión
"to bring forth the copestone", cuyo sentido es también
bastante oscuro a primera vista: to bring forth significa literalente
'producir' (en el sentido etimológico del latín producere)
o 'sacar a luz'; puesto que la piedra ha sido ya retirada anteriormente,
durante la construcción, no puede tratarse, el día de la
conclusión de la obra, de su "producción" en el
sentido de una "confección"; pero, como ha sido arrojada
"entre los escombros", se trata de volver a sacarla a la luz,
para colocarla en lugar visible, en la sumidad del edificio, de modo que
se convierta en "cabeza del ángulo"; así, to bring
forth se opone aquí a to heave over.
(26)
Staurós significa también 'cruz', y sabido es que, en el
simbolismo cristiano, la cruz se asimila al "Eje del Mundo";
Coomaraswamy vincula ese término con el sánscrito sthàvara,
'firme' o 'estable', lo que en efecto, conviene a un pilar y, además,
concuerda exactamente con el significado de "estabilidad" dado
a la reunión de los nombres de las dos columnas del Templo de Salomón.
(27)
Es la sumidad del "pilar axial", que corresponde, según
lo hemos dicho, a la punta superior del álif en el simbolismo literal
árabe; recordemos también, con motivo de los términos
keystone y "clave de bóveda", que el símbolo mismo
de la "clave" o "llave" tiene igualmente significado
"axial".
(28)
Coomaraswamy recuerda la identidad simbólica entre el techo (en
particular abovedado) con el parasol; agregaremos también, a este
respecto, que el símbolo chino del "Gran Extremo" (T'ai-ki)
designa literalmente una "arista superior" o una "sumidad":
es, propiamente, la sumidad del "techo del mundo".
(29)
Manuscrito de Munich, columna 146, fol.35 (Lutz y Perdrizet, II, lám.64):
la fotografía nos ha sido proporcionada por A. K. Coomaraswamy;
ha sido reproducida en el Art Bulletin, p. 450 y fig. 20, por Erwin Panofski,
quien considera esa ilustración como la mas próxima al prototipo
y, a ese respecto, habla del lapis in caput anguli ['la piedra en la cabeza
del ángulo'] como de una keystone ; se podría decir también,
de acuerdo con nuestras precedentes explicaciones, que esa figura representa
the bringing forth of the copestone.
(30)
A este respecto, podría establecerse una vinculación entre
la "piedra descendida del cielo" y el "pan descendido del
cielo", pues existen relaciones simbóicas importantes entre
la piedra y el pan; pero esto sale de los límites de nuestro tema
actual; en todos los casos, el "descenso del cielo" representa,
naturalmente, el avatárana ['descenso' o aparición del Avatâra].
(31)
Cf. también la piedra simbólica de la Etoile Internelle
['estrella interna'] de que ha hablado l. Charbonneau-Lassay y que, como
la esmeralda de Graal, es una piedra facetada; esa piedra, en la copa
donde se la pone, corresponde exactamente al "joyel en el loto"
(mani padme) del budismo mahâyâna.
(32)
Las "leyendas" del Compagnonnage ['compañerazgo', organización
artesanal de origen medieval, emparentada con la masonería], en
todas sus ramas, dan fe de ello, así como las "superviviencias"
propias de la antigua masonería operativa, que hemos considerado
aquí.
(33)
Así, pues, no podría tratarse de ningún modo, como
algunos pretenden, de una alusión a un incidente ocurrido durante
la construcción de la "Gran Pirámide" y con motivo
del cual ésta habría quedado inconclusa. lo que, por otra
parte, es una hipótesis harto dudosa en sí y una cuestión
histórica probablemente insoluble; además esa "inconclusión"
misma estaría en contradicción directa con el simbolismo
según el cual la piedra que había sido rechazada toma finalmente
su lugar eminente como "cabeza del ángulo".
(34)
Stoudt, "Consider the lilies, how they grow", respecto de la
significación de un motivo ornamental en forma de diamante, explicado
por escritos donde se habla de Cristo como del Eckstein. El doble sentido
de la palabra se explica, verosímilamente, desde el punto de vista
etimológico, por el hecho de que pueda entendérsela a la
vez como "piedra de ángulo" y como "piedra en ángulos",
es decir, facetada; pero, por supuesto, esta explicación nada quita
al valor de la relación simbólica indicada por la reunión
de ambos significados en la misma palabra.
(35)
El diamante no tallado tiene naturalmente ocho ángulos, y el poste
sacrificial (yûpa) debe ser tallado "en ocho ángulos"
(ashtâçri) para figuara el vajra (que se entiende aquí
a la vez en su otro sentido de 'rayo'); la palabra pâli attansa,
literalmente, 'de ocho ángulos' significa a la vez 'diamante' y
'pilar'.
(36)
Desde el punto de vista "contructivo", es la perfección
de la realización del plan del arquitecto; desde el punto de vista
alquímico, es la "perfección" o fin último
de la "Gran Obra"; hay exacta corespondencia entre uno y otro.
(37)
El diamante entre las piedras y el oro entre los metales son lo más
precioso, y tienen además un carácer "luminoso"
y "solar"; pero el diamante, al igual que la "piedra filosofal",
a la cual se asimila aquí, se considera como más precioso
aún que el oro.
(38)
El simbolismo de la "piedra angular" se encuentra expresamente
mencionado, por ejemplo, en diversos pasajes de las obras herméticas
de Robert Fludd, citados por A. E. Waite, The Secret Tradition in Freemasonry,
pp. 27-28; por otra parte, debe señalarse que tales pasajes contienen
esa confusión con la "piedra fundamental" de que hablábamos
al principio; lo que el autor que los cita dice por su cuenta acerca de
la "piedra angular" en varios lugares del mismo libro tampoco
es muy adecuado para esclarecer el punto, y no puede sino contribuir más
bien a mantener la confusión indicada. |